sábado, 15 de noviembre de 2025

 

COMO SUPERAR LAS MIGRAÑAS

 

Ante todo, decir que lo que entendemos por migraña, es una enfermedad neurológica que se caracteriza por un tipo de dolor intenso de cabeza repetitivo, que va de moderado a intenso, palpitante en un lateral de la cabeza y acompañado en muchos casos de vómitos. En muchos casos acompañado de una alta sensibilización tanto a la luz -fotofobia- como a los sonidos -fonofobia-. Por término medio, estas crisis tienen una duración en el tiempo entre cuatro a setenta y dos horas requiriendo reposo en un ambiente oscuro, siendo la principal causa de baja laboral debido a la potencial incapacidad. La causa se encuentra en una actividad cerebral alejada de la norma y puede ser hereditaria. Existen diferentes tipos de migraña, incluyendo la migraña sin aura y la migraña con aura. Dado el sufrimiento que conlleva, su tratamiento lleva consigo medicamentos para su alivio.

            En la migraña “con aura” o migraña clásica, encontramos su característica en que tanto previo como durante el mismo dolor de cabeza, aparecen síntomas neurológicos como: destellos de luz, puntos ciegos o alteraciones de visión y hormigueo en la cara o extremidades. Su duración suele ser inferior a sesenta minutos y precede al inicio del dolor de cabeza. Pasada esta fase de “aura”, es cuando los pacientes empiezan a experimentar el dolor de cabeza intenso, seguido de náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz y al sonido comentados con anterioridad.

            En cuanto a la migraña “sin aura”, su característica manifiesta es la presencia de un dolor intenso en un lado de la cabeza de manera palpitante. En ningún momento acompañada de señales visuales o sensoriales.

            Tanto una como otra son manifestaciones de una misma causa, diferenciándose tan solo por la presencia de síntomas neurológicos previos al dolor de cabeza. Ante esta realidad, aconsejamos a los pacientes acceder a una ayuda profesional, con la finalidad de reconocer causas para poder llevar a cabo el tratamiento adecuado: cambios en el estilo de vida, manejo del estrés, posible toma de analgésicos, así como medicamentos específicos. Y es que la migraña en muchos casos,

“Es un lenguaje biológico condensado, una forma de decir

aquello que no pudo ser dicho a tiempo”.

 

 

PROCESO

 

            En el proceso de aparición de la migraña nos encontramos con los cinco siguientes puntos significativos: (1) los lazos entre migraña y experiencias tempranas (la ausencia de apego), (2) el impacto en la calidad de vida (dificultad en aceptar la propia biografía), (3) algunas intervenciones terapéuticas no farmacológicas (biofeedback, mindfulness), (4) factores psicológicos asociados (ansiedad, traumas, perfeccionismo, dinámica familiar) y (5) la posible relación entre migraña y envejecimiento, estrechamente relacionada con el impacto en la calidad de vida. En el presente artículo nos vamos a centrar en los dos primeros, al considerar que en gran medida encierran a los siguientes.

 

1.     Los lazos entre migraña y experiencias tempranas: La ausencia de apego, padre ausente.

En este punto nos encontramos con tres factores muy consistentes:

(1)    experiencias antagónicas en la infancia, (2) dinámicas de apego y relaciones tempranas, y (3) rasgos de personalidad moldeados en etapas tempranas.  Estas son las tres áreas que condicionan al sistema nervioso, a la regulación emocional y el umbral de dolor. 

 

1.1. Experiencias antagónicas en la infancia. Se sabe que la migraña esta significativamente asociada con: 

·       Padres ausentes. A nivel emocional o físico. Ausencia de reconocimiento, responsabilidad en la infancia.

·       Carencia de empatía. Ausencia de abrazos, miradas, ternura.

·       Violencia intrafamiliar. A tenor de lo que ve, el niño toma conciencia de formar parte de una familia rota, con toda la inseguridad que ello conlleva a edades tempranas.

·       Critica o perfeccionamiento de la figura paterna. El niño siempre con responsabilidades que no puede finalizar felizmente. Lo que le genera un miedo constante a fallar al padre. Perder la afectividad, el amor del ser más maravilloso y que tanto admira.

Estas posibles experiencias pueden acelerar en exceso una de las funciones de la amígdala, con la consecuencia de reducir la capacidad de inhibición del dolor (sistema serotonérgico), dejando al adulto con un sistema nervioso reactivo. Haciendo que aparezca la migraña como una respuesta de sobrecarga ante el estrés emocional, como un mecanismo de vía rápida producido por el propio cuerpo al no encontrar palabras ni recursos internos para saber gestionar ese malestar emocional en que se encuentra. Podemos decir que:

 

“Cuando el niño interno no puede expresarse,

en el adulto todo es dolor”.

 

1.2.                 El apego. Sus estilos. Y es que hay asociaciones entre migraña y:

· Apego ávido. Es lo que entendemos por miedo a ser abandonado. A la necesidad de tener un control.

· Apego evitativo. Lo contrario, la auto represión emociona, que provoca tensión muscular crónica.

· Apego trastornado. Gran confusión con respuestas caóticas al estrés. Incapacidad de predecir emociones.

Podemos decir que:

Cuanto más inseguro fue el vínculo temprano, mayor probabilidad de que el cuerpo sea el encargado de

“responder por la persona”.

 

1.3.                Identidad, autoexigencia y rol. Son muchos los perfiles que se construyen en la infancia, siendo posteriormente, terreno fértil para la migraña:

·       Niños que fueron “pequeños adultos”, que crecieron cuidando a un padre frágil o agresivo.

·       Niños sensibles que se responsabilizaron de la armonía familiar.

La migraña en este apartado es la crisis que pone límites. Podemos decir que:

 

 

“Mi cuerpo por su cuenta, se encarga de poner

el límite que yo no supe, o no aprendí a poner”.

 

2.     Impacto en la calidad de vida: dificultad en aceptar la propia biografía. Y es que la migraña no solo es dolor, es un fenómeno bio-psico-social que impacta profundamente.

 

2.1. Impacto emocional por.

·       Una ansiedad anticipatoria. El clásico miedo a los próximos episodios.

·       Culpa. Tener presente que se va a fallar. No poder responder como el resto.

·       Frustración, fragilidad emocional.

·       Una baja autoestima por sentirse siempre incapaz, no dar la talla.

Hablamos de sujetos que crecieron en ambientes exigentes, críticos, y que ahora se manifiesta reactivando viejos guiones… y se dicen: no puedo fracasar, tengo que seguir, aunque me lastime, no tengo derecho a parar.

2.2. Huella funcional. Hecho que se manifiesta en:

·       Reducción significativa de productividad.

·       Aislamiento social. Para evitar estímulos que luego piensa que no podrá responder y que terminará por decepcionar. También por vergüenza.

·       Contrariedades en los papeles familiares. Dado el perfil que adopta, el sujeto es percibido como “difícil” o “raro”.

2.3. Huella en su identidad y biografía. Aquí nos encontramos en el campo que para el que esto escribe es principal, dado que son muchas las personas que optan por redefinir su vida alrededor de la migraña, alejándose de su “destino”:

·       Renuncian a las actividades que les gusta y disfrutan.

·       Se siente prisionero de su cuerpo.

·       En adultos mayores pueden presentar tendencia a reactivar heridas juveniles: abandonado, no ser reconocido, siempre decepcionando.

 

GUIA TERAPÉUTICA

 

    Dado que las experiencias tempranas predisponen al sistema nervioso a la migraña y hay un puente entre apego, trauma vincular y fisiología del dolor, exponemos los pasos a seguir:

·       Crear una guía terapéutica para aplicar a los sujetos teniendo presente el modelo integrador: Migraña es igual a: emoción no resuelta + hiperreactividad + dificultad de autoafirmación. Guía en donde debe constar:

·       Una exploración biográfica dirigida.

·       Tener una identificación clara de sus detonantes emocionales.

 

·       Reestructurar su guion de infancia. Una línea de tiempo de experiencias tempranas vinculadas al cuerpo.

·       Un protocolo para ayudar al sujeto a hacer las paces con su biografía mediante el síntoma.

·       Proporcionarle técnicas de regulación emocional adaptadas.

·       Trabajar ejercicios cuerpo-mente con la finalidad de romper el circuito dolor-emoción.

 

 

INTERVENCIÓN TERAPÉUTICA

 

    Existen todo un protocolo de ejercicios adaptados a sesiones individuales especialmente útil para adultos que todo terapeuta puede llevar a cabo según objetivo. Ejemplo clínico:

 

·       Ejercicio Línea de tiempo emocional - somática. Cuando el objetivo es identificar patrones entre emociones infantiles y síntomas actuales, como, por ejemplo: En paciente adulta que recuerda que cada vez que su madre se enojaba, guardaba silencio para no empeorar la situación. Hoy nota que cada vez que enfrenta conflicto en el trabajo, aparece la migraña.

 

 

·       Ejercicio sobre el mapa de límites corporales. Cuando el objetivo es detectar áreas donde el sujeto se sobrecarga. Ejemplo: Una paciente marca siempre tensión en las sienes y cuello durante reuniones familiares en las que debe complacer a todos. Descubre que la migraña surge al final del día.

Aquí el sujeto va a poder “ver” como el cuerpo le va a revelar limites invisibles que él no sabe poner en palabras.

·       Ejercicio de reaprendizaje de permisos. El fin de esta tarea consiste en reconstruir su capacidad de descanso, autocuidado y autoexpresión. Un ejemplo: un paciente que nunca pudo “fallar” planifica dedicar una tarde sin obligaciones. La ansiedad es alta al inicio, pero la frecuencia de migrañas se reduce en semanas posteriores.

·       Ejercicio consistente en llevar a cabo un diario de migraña emocional. Aquí no solo es registrar el dolor, sino la emoción previa.

Con este ejercicio conseguimos que el paciente pueda identificar los detonantes emocionales repetitivos (critica, tensión relacional y miedo al conflicto).

·       Ejercicio dialogando con el cuerpo. Nuestro objetivo es resignificar el síntoma como guía, no como enemigo. Un ejemplo clínico puede ser: en adultos, la migraña “habla” de cansancio acumulado, soledad o miedo a convertirse en carga para la familia.

 

CIERRE TERAPÉUTICO

El síntoma como oportunidad biográfica.

 

Debemos de tener presente que la migraña puede convertirse en un puente hacia la reconciliación con el pasado del sujeto. Al ayudarle a explorar su raíz temprana, este puede dejar de rumiar su pasado, aceptarlo a través de la reminiscencia al:

·       Reconocer viejas heridas y comprender su relación con el dolor.

·       Aprender a identificar desencadenantes emocionales.

·       Recuperar el control sobre su cuerpo y su vida.

A través de la terapia, conseguimos transformar la relación que el sujeto mantiene con ella, al restaurar su capacidad para vivir con menos carga emocional, dejar de somatizar al permitirse liberar emociones y con sus nuevas herramientas obtener más autonomía.

 

 

 

 

Ramón Morcillo López Ph.D.

Doctor en psicología

Colegiado CV.06004

rmorcillo@ext.ucam.edu

https://rmorcillo.blogspot.com/

 

Cartagena, 15 de noviembre de 2025

 

 

 

 

 

 

Bibliografía.

1.     Goicoechea, A. (2020) MIGRAÑA. Una pesadilla cerebral. Ed. Echávarri.

2.     Porta-Etessam, J. (2023) Adiós a la migraña: Porque debemos tratarla, aunque no tenga cura. Ed. Vergara.

3.     Bermudez, Séfora (2024) ¿Quieres vivir sin migraña? Neurociencia práctica para desenchufar tu dolor de cabeza. Ed. E

 

 


miércoles, 22 de octubre de 2025

 



ADULTOS MAYORES RESILIENTES EN TIEMPOS DE CRISIS PERSONALES.

 

 

Empezaremos por responder ¿Qué entendemos por resiliencia? La RAE nos dice en la primera acepción, que es “La capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. En la segunda, se aleja del ser humano y nos habla de la “Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido”. Aunque nos pueda parecer extraña esta segunda acepción tiene su sentido, al tener este concepto su origen en la física.

              Hablar de resiliencia en el adulto mayor implica reconocer que, a esta etapa de vida, no se trata tanto de “resistir el golpe” que nos van dando o que nosotros nos creamos, como de “reconstruir un sentido” frente a las pérdidas, los cambios o crisis personales. A continuación, vamos a compartir una visión estructurada, tanto teórica como práctica sobre cómo aplicarla.

Al iniciar, hay que decir que la resiliencia en el adulto mayor en modo alguno es una capacidad que se “adquiere de nuevas” sino una fortaleza que se reactiva y resignifica a partir de experiencias con sentido previas. No se busca negar el dolor ni el deterioro, sino reconstruir la narrativa interna para que el sufrimiento se integre de forma saludable en su biografía. No como derrota, sino como aprendizaje, maduración.

              Debemos tener presente tres conceptos:  Comprender que la resiliencia no es sinónimo de optimismo, sino un sentido ante la adversidad. El adulto mayor resiliente sabe transformar la pérdida en sabiduría y legado. Y por último, tanto su grupo primario -familia- como el secundario -amigos, conocidos- puede y debe ser un magnífico punto de apoyo que le pueda permitir mantener esa reconstrucción.

              Y es que las crisis personales más frecuentes en la adultez, máxime con el beneficioso aumento de la esperanza de vida suele presentar las siguientes realidades:

1.      Pérdida de:

a.      Cónyuge o hijos.

b.     Reducción de autonomía o aparición de enfermedades.

2.      Sentimiento de inutilidad o de no pertenecer ya a ningún grupo.

3.       Ruptura en cuanto a papeles:

a.      Dejar de ser:

                                                                 i.     El proveedor. El jefe del grupo.

                                                               ii.     Cuidador de la casa, nietos.

4.      Conflictos intergeneracionales con su posible consecuencia de soledad tanto física como emocional, al estar abriendo las puertas de acceso al Centro Geriátrico.

 

 

 

Situaciones todas que en verdad pueden activar un proceso de duelo, pero también la oportunidad de una resignificación si se sabe acompañar adecuadamente.

Puede que quizás se estará preguntando, bien, pero ¿Cómo puedo trabajarla, aplicar una herramienta terapéutica? Por suerte las hay. A continuación, vamos a mostrar cinco, que, en nuestra opinión, consideramos las más efectivas:

 

1.      Reminiscencia.

Consiste en releer la biografía. Evocar no solo los recuerdos positivos, sino todos cuantos le puedan ayudar, a permitir llegar a reconocer sus recursos internos -que los tiene- Aquellos que uso en sus crisis anteriores.  Por ejemplo:

·       ¿Recuerda algún momento de su vida en que pensó que no podría salir adelante y sin embargo lo hizo? ¿Qué fue lo que lo sostuvo?

·       ¿Hábleme de ese día que se sintió único?

Sobre este tipo de frases debemos trabajar, ya que nos van a permitir reconectar con sus fortalezas que, con el paso del tiempo, en este presente lo tiene totalmente opacado.

 

2.      Resignificar el sufrimiento.

Ayudar a que el mayor vea la crisis como un capítulo más de su historia, para nada como el final. Por ejemplo:

·       Decirle a modo de dinámica, que narre la crisis -también puede escribirla- como si se tratara de un cuento en el que el protagonista aprende al final algo valioso. Al revivir desde una memoria distinta, donde ya no somos los mismos, al imagen de la percepción del pasado, suele ser otra.

Con ello lo que pretendemos es trabajar la autoeficacia narrativa y el sentido de continuidad vital.

 

3.      Vinculación y apoyo social.

Sabemos que la resiliencia se fortalece en red, por lo que promover vínculos significativos es esencial:  grupo primario -sobre todo nietos, si hay y los trata- secundario -comunidad-, de pares -que compartan edad, intereses o estatus social- Por ejemplo:

·       Crear “círculos de confianza” “dinámica de grupo” donde se puedan compartir experiencias de superación y gratitud.

 

4.      Transcendencia y espiritualidad.

Al margen de las creencias religiosas de cada sujeto, la espiritualidad, entendida como búsqueda de sentido y conexión con algo más grande, es un hermoso pilar resiliente.

Al margen del actual espíritu del tiempo donde hablar de espiritualidad puede parecer abrir la puerta de lo anacrónico, la tozuda realidad nos dice que, desde el inicio de la civilización, el hombre ha sido un ser religioso, con un sistema de creencias, prácticas y valores que le permitan dar sentido a la existencia y conectar con lo sagrado. Un conjunto de creencias y prácticas que lo unan con una fuerza superior.                                                                                                                                                                                                  

 

 Ejemplos en este punto serian:

·       Ayudarle a que identifique aquellas cosas, hechos que le siguen dando sentido o esperanza, con inclusión de aquello que perdió.

·       Incorporarse como miembro en una Orden religiosa, o como seglar en una tercera,

·       Colaborador en su parroquia.

 

5.      Reforzar un propósito.

Dentro del ámbito de sus valores, trabajar metas alcanzables, pequeños proyectos que le mantengan la sensación de utilidad. Por ejemplo:

·       Escribir sus memorias.

·       Participar en talleres.

·       Matricularse en la Universidad de Mayores.

·       Iniciar una carrera universitaria.

·       Aprender un:

o   Idioma.

o   Arte: música, pintura, fotografía, etc.

El propósito no es otro que generar un antídoto contra la desesperanza.

Una vez expuestas las herramientas, debemos decir que el sujeto que acompaña al mayor en este proceso no requiere de una especialización concreta, ya que su misión no consiste en entregar, digamos técnicas de resiliencia; su papel, a través de lo dicho va a consistir en “despertarla”. Ese es su objetivo, y para ello el valor que le solicitamos es tan solo el de escuchar con respeto, darle el valor que merece su dolor y facilitar que poco a poco o como reconocimiento en un momento dado, descubra sus propios recursos. Digamos que el espíritu de proceso para nada consiste en enseñarle a que resista a todo ese conjunto de casos, no, el acompañante es el sujeto que esta junto a él/ella mientras reconstruye con sentido. Conseguir que “esa rumiación” termine por ser digerida.

Su postura es, como en otros artículos hemos comentado, de convencer en la génesis de este concepto. Con-vencer, acompañar al vencido, al derrotado. Los caballeros de la Orden de Santiago, de Calatrava, al acabar cada batalla acompañaban al vencido, eran conscientes que perfectamente podría haber sido él en la lucha por alcanzar el mismo objetivo. Lo escuchaban respetando su dignidad, se mantenían a su lado hasta que el derrotado obtenía la enseñanza de su derrota; alcanzaba el punto final de la resiliencia.

Como guía terapéutica de fortalecimiento de la resiliencia en el Adulto Mayor ante crisis personales, con la finalidad de promover la capacidad de reconstruir, dar sentido y bienestar emocional ante pérdida o crisis personales, reactivando recursos internos, vínculos significativos y sentido de trascendencia, presentamos ocho sesiones con posibilidad de adaptación según ritmo y estado emociona del mayor.

Sesión. Introducción y evaluación inicial.

·       Propósito: comprender la crisis actual y establecer el vínculo terapéutico.

·       Contenido: que hable de su historia vital reciente, percepción de la crisis, impacto emocional y recursos previos de afrontamiento.

·       Ejercicio: presentar el “Mapa de la tormenta” consistente en identificar las amenazas y los factores que protegen.

·       Indicadores clínicos: conseguir que haya una alta disposición al diálogo, sin bloqueos.

Sesión. Reconocimiento de la historia de superación.

·       Propósito: reactivar la memoria de resiliencia.

·       Ejercicio: Empezar con los “Momentos en que salió adelante” (recuerdo guiado de situaciones pasadas de crisis y las estrategias utilizadas).

·       Reflexión: identificar sus recursos personales y relacionales que le ayudaron.

·       Indicadores: tomar nota de la presencia de orgullo biográfico, su tono emocional más esperanzador, inicio de reestructuración cognitiva.

3ª Sesión. Relectura del dolor actual.

·       Propósito: aceptar la experiencia sin negarla, dando sentido al sufrimiento.

·       Ejercicio: narrar “la historia con esa pérdida” desde una mirada compasiva.

·       Indicadores: la disminución de la carga emocional negativa. Una mayor coherencia narrativa, un lenguaje menos catastrófico.

4ª Sesión. Reconexión con los vínculos y redes de apoyo.

·       Propósito: trabajar el reforzar el sentido de pertenencia y apoyo social.

·       Ejercicio: “Mi red de sostén” consistente en crear el mapa afectivo. Identificar los vínculos a fortalecer o recuperar.

·       Indicadores: verbalizar gratitud, la búsqueda activa de contacto. Disposición a reconectar.

5ª Sesión. Espiritualidad, sentido y trascendencia.

·       Propósito: ampliar la mirada hacia valores y creencias que le den sentido a la crisis.

·       Ejercicio: identificar aquello que aún da esperanza. “Mi fuente de sentido”.

·       Indicadores: constatar presencia de serenidad, discurso de aceptación, sentimiento de continuidad vital.

6ª Sesión. Propósito y proyecto de vida.

·       Propósito: fomentarle la autoeficacia y la percepción de ser útil.

·       Ejercicio: “Lo que aún puedo ofrecer” Llevar a cabo un plan de acción realista, basado en sus talentos y metas.

·       Indicadores: constatar un incremento de energía vital, una actitud positiva acompañada de una visión de futuro.

7ª Sesión. Consolidación de aprendizajes.

·       Propósito: integrar sus recursos resilientes acabados de descubrir.

·       Ejercicio:Mi caja de herramientas personales”. Su síntesis de recursos emocionales, cognitivos, sociales y espirituales.

·       Indicadores: ya tiene un lenguaje de autoafirmación, una coherencia entre pensamiento y emoción. Estabilidad emocional.

 

 

 

8ª Sesión. Cierre y proyección.

·       Propósito: cerrar el proceso con sentido de logro y continuidad.

·       Ejercicio: escribir una carta a sí mismo o un ritual simbólico de cierre, como por ejemplo un agradecimiento al propio pasado.

·       Indicadores: obtener una expresión de gratitud, percepción de crecimiento y una serenidad ante el futuro.

 

Una vez realizado este proceso, sus indicadores de resiliencia fortalecida lo encontramos en: una reestructuración cognitiva. Es decir, reducción de pensamientos fatalistas, aumento de la autoeficacia y la esperanza, capacidad de integrar el dolor en su biografía, una mayor conexión afectiva con los demás y por último, un sentido renovado de propósitos y trascendencia.

Con el presente enfoque, que los animo a que lo sigan aquellos que lo requieran, alcanzamos que la resiliencia en el adulto mayor no sea una “capacidad de resistir”, sino un proceso de reconciliación y reconstrucción del sentido de la vida. Marcar un antes y un después en la percepción de la vejez y en la forma en que algunas personas afrontan su historia de vida.

Como síntesis diremos que “Ser resiliente en la vejez no es volver a ser fuerte, sino reconocer que nunca se dejó de serlo” Que, si se tomó en ese momento una decisión, fue porque creyó que era la idónea, y no otra.

 

 

 

Ramón Morcillo López Ph.D.

Doctor en psicología

Colegiado CV.06004

rmorcillo@ext.ucam.edu

https://rmorcillo.blogspot.com/

 


 

 

Bibliografía.

1.      Frankl, V. (2024) El hombre en busca de sentido. Herder Editorial.

2.      Cyrulnik, B, (2018) Envejecer con resiliencia. Cuando la vejez llega. Editorial Gedisa.