DESDE EL
MEDITERRÁNEO CON
UNA
SONRISA.
Juan
de Miralles Trailhom
Hoy quiero iniciar una
serie de artículos hablando sobre españoles que tuvieron un papel categórico en
la independencia de las Trece Colonias. Ayuda que la Corona española prestó a
los estadounidenses en su lucha por la independencia de Gran Bretaña, como
fueron nuestro rey Carlos III, Francisco de Saavedra, Juan de Miralles,
Bernardo de Gálvez y Diego de Gardoqui entre otros, cuyas acciones resultaron
decisivas para el devenir de las 13 colonias. Dado que soy hijo de la ciudad de
Alicante, me voy a permitir iniciar esta serie con Juan de Miralles Trailhom (1713-1780),
comerciante, diplomático y amigo personal de George Washington, nacido el 23 de
julio en Petrer, pueblo de la provincia de Alicante, resguardado por su hermoso
castillo, frontera cristiana durante la Reconquista.
Hijo de militar -capitán del ejército-
comerciante y madre francesa. Después de una corta estancia en Francia -de los
15 a los 19 años- con 27 años y un capital de 8.500 pesos marcho a Cuba, una de
las joyas de la Corona, donde se especializó en el comercio con España y
Francia, llegando a adquirir un notable éxito. En su estancia en La Habana se
casó con María Josefa Eligio de la Puente y González-Cabello, hija de una
influyente familia habanera y con la que tuvo ocho hijos.
A tenor de su reconocido
perfil: contactos con múltiples puertos, relaciones, inteligencia, discreción,
fortuna, crédito reconocido y capacidad diplomática natural, en 1775 Carlos III
lo nombró agente de enlace sin título formal de embajador con la misión
diplomática de ayudar en el desarrollo de la guerra, sirviendo de puente entre
España y los rebeldes de las Trece Colonias, hecho que le llevo a comerciar con
los puertos de Charleston, Filadelfia, Nueva York y Boston en el negocio -en
algunos periodos rozando la ilegalidad- de compra y venta de buques de
transporte y contrabando marítimo. Un año después, en 1776 desde su residencia
en Filadelfia, creó una línea de transporte para comercializar productos
básicos como el arroz y el azúcar.
Es en su residencia
estadounidense donde conoce al general George Washington del que muy pronto les
unió una estrechísima relación. Washington encontraba beneficiosa la posición
española, dado que además de que controlaba regiones tan vitales como Florida,
el Misisipi, el Golfo de México y Nueva España, era el productor del Real de a
ocho, la reserva financiera más importante del mundo y principal avalista.
Siendo el general, un
hombre reservado y extremadamente cuidadoso con sus relaciones, con Miralles
desarrolló una amistad basada en confianza y respeto que le llevó a conversar
de manera abierta de asuntos complejos sobre estrategia, la guerra y política
internacional. Fruto de esta relación más profunda de lo que la estricta
etiqueta establecía, Miralles, de su propia cuenta, inicia el envío de pólvora,
ropa de abrigo, armas, medicinas y dinero sin llamar la atención de los
ingleses gracias a su posición como delegado de la corte de Madrid. Importante
alcance si tenemos en cuenta las inestables economías de los estados de
Virginia, Carolina del Norte, Massachusetts, New Hampshire, Connecticut, Rhode
Island, Pensilvania… todas ellas girando al torno al aval de los “Spanish
milled dollars” que les estaba manteniendo la insurrección. Hasta hace unos
años, el símbolo del dólar aún era una “S” protegida por las dos columnas de
Hércules, distintivo del escudo de España. El real de a ocho, fue moneda de
curso legal en los Estados Unidos, junto con el dólar -moneda creado en 1792-
hasta la ley de 1857 que desautorizó su uso.
El 19 de abril de 1780,
durante su viaje de Filadelfia a Morristown (Nueva Jersey) al llegar al
campamento, fue recibido con todos los honores por los soldados. El tiempo
inclemente -uno de los inviernos más duros de la guerra- hizo mella en su salud
cayendo gravemente enfermo. Ni los cuidados de los mejores médicos, ni de
Martha -Martha Dandridge Custis- en la mansión Ford donde Washington estaba
hospedado, pudieron evitar el óbito nueve días después a causa de la neumonía
contraída. Al amanecer del 28 de abril y a la edad de 66 años, fue
personalmente Martha quien le cerró los ojos a este alicantino universal.
Miralles fue enterrado con honores militares en
el pequeño cementerio de Morristown al que asistió el Congreso de Estados
Unidos al completo por orden expresa de George Washington, como muestra de
agradecimiento por la ayuda que prestó, quien presidió el acto algo excepcional
para un extranjero y a pesar de que aún las 13 colonias no estaban reconocidas
como país independiente. También coordino por sí mismo las ceremonias fúnebres y
escribir a María Josefa, a la que recibió días después.
Aunque como el resto de los españoles
nombrados no aparece en los libros escolares -la historiografía anglosajona
tradicional siempre ha minimizado el papel español, y el silencio oficial que
ha imperado desde el nacimiento de Estados Unidos sobre las importantes
contribuciones españolas a la independencia es patente- debemos hacer constar
que su figura fue clave en la diplomacia y coordinación de los esfuerzos
logísticos, a través de la información proporcionada, así como en la
intendencia. Su amistad con Washington influyo en la percepción positiva de
este sobre España.
Ramón Morcillo López Ph.D.
Bibliografía:
1.
Thomas E. Chávez – Spain
and the Independence of the United States: An Intrinsic Gift. Capítulos dedicados a Miralles.
2.
L. M. Pérez – “Juan de
Miralles: A Forgotten Link Between Spain and the American Revolution”. Artículo académico especializado.
3. José Manuel Serrano Álvarez – El Caribe en la
Guerra de Independencia de Estados Unidos. Trata ampliamente la red hispana de apoyo, donde
Miralles es figura clave.
4. Guillermo Céspedes del Castillo – Juan de
Miralles, un cubano en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos
(1960).
5. Octavio R. Costa – Juan de Miralles: Spanish
Agent in the American Revolution (1975)
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